Probablemente tú, al igual que yo, has crecido y te has desarrollado en la creencia acerca de lo que está socialmente aceptado y lo que no. Estudiar y conseguir un título se consideraba requisito indispensable para posteriormente lograr un buen trabajo que te permitiera adquirir una seguridad para el resto de tu vida hasta que llegara el momento de la jubilación.

A la mayoría de nosotras nos programaban para obtener un trabajo por cuenta ajena que pagara nuestro nivel de vida. Muy pocas se atrevían a emprender un negocio. Ésto sólo estaba destinado para unas pocas “locas” dispuestas a arriesgar. Sin embargo, al resto de mortales nos habían enseñado que no es necesario aventurarse en el mundo de los negocios. Que era mucho más fácil y sencillo tener un “trabajo tradicional” que te mantuviera en tu tan querida “zona de confort”.

El cambio que nadie esperábamos

Pero de repente todo cambió. Como si se tratara de un tsunami apareció la CRISIS que puso todo nuestro mundo “patas arriba”. Inesperadamente la tasa de paro aumentó hasta límites impensables y todos los días te llegaban noticias de un familiar, amigo, conocido o amigo de un amigo que se veía afectado por cierres de empresas, despidos y ERE’s.

Todos esperábamos que lo años pasarían y que todo se solucionaría. Que poco a poco se volvería a la normalidad y que cada una de esas personas que se encontraba en situación de desempleo, volvería a encontrar un nuevo puesto de trabajo.

Pero la cosa no ha acabado así ¿verdad?. Después de casi una década de crisis las perspectivas no han cambiado demasiado y todavía somos muchas las que nos encontramos en la búsqueda activa de nuevas oportunidades.

Lo que sí que ha cambiado es el mundo laboral y para peor. En estos momentos las posibilidades de encontrar un puesto de trabajo por cuenta ajena con unas condiciones tanto laborales como salariales decentes son más bien escasas.

Y esto está provocando la aparición y extensión del movimiento en “pro” del emprendimiento. Ya sabes, convertirte en una empresaria, dueña de tu propio negocio asumiendo el riesgo a fallar y tener que volver a empezar; pero también con la posibilidad de acertar y conseguir tu éxito.

Cómo he vivido yo estos acontecimientos

Pues bueno, mi historia ha transcurrido igual que las circunstancias.

Estudié una carrera y antes de acabarla ya había conseguido mi primer “trabajo por cuenta ajena” seguro. Y digo seguro porque tuve que dedicar 3 años de mi vida a ser aprendiz y pasado este período tuve que aprobar un examen-oposición que me garantizaba un puesto en la empresa de por vida, o eso es lo que yo creía.

Dediqué a este empleo más de 17 años de mi vida. Al principio mi trabajo me encantaba. Disfrutaba mucho de lo que hacía. Me motivaba poder ayudar a las personas a conseguir sus proyectos y sus objetivos. Me entusiasmaba poder asistirles a resolver situaciones difíciles para ellos y poder aconsejarles a la hora de tomar sus decisiones.

Pero, como ya he dicho con anterioridad, en 2007 apareció la nueva situación de crisis y las cosas fueron cambiando para peor.

Cada vez era más complicado dar soluciones a los enormes problemas de la gente. Y muchas veces esas soluciones provocaban empeoramientos en sus situaciones. La presión gobernaba cada uno de nuestros movimientos como empleados y poco a poco mi motivación iba desapareciendo.

A pesar de no encontrarme bien en la empresa, me aferraba a mi zona de confort. Poco a poco, deje que se instalará un sentimiento de tristeza, descontento, desmotivación, irascibilidad. En definitiva, no era feliz y ya no me sentía llena con lo que hacía.

Por suerte, y lo puedo decir ahora con el paso de los años y viendo las cosas con perspectiva, mi empresa hizo un ERE en el cual me vi afectada. La verdad, es que una parte de mí deseaba coger la indemnización que nos ofrecía la empresa y cambiar mi orientación laboral y profesional. Pero otra parte de mí, le asustaba lo que iba a pasar sin la seguridad de este trabajo.

Al final pasó lo que tenía que pasar y tuve que aceptar la propuesta de la empresa para abandonarla.

Ahora era momento de buscar mi futuro y, la verdad, es que tenía grandes planes para mí.

El proceso de mi reinvención

Lo primero que hice fue reciclarme para prepararme para el nuevo paradigma laboral. Decidí estudiar un Máster pero que no tuviera nada que ver con lo que yo me había dedicado toda mi vida. Tenía muy claro que quería “hacer borrón y cuenta nueva”. Empezar en una ámbito profesional que nada tuviera que ver con a lo que me había dedicado hasta entonces.

Y es así como recordé que durante mis años de estudiante universitaria, yo me había imaginado diseñando mi propia empresa y ayudando a la gente en sus problemas. Pues sí, yo en aquel entonces quería tener mi propio negocio.

Para mi sorpresa, la formación que había empezado tras abandonar mi trabajo, me ofrecía la oportunidad de desarrollarme en muchas nuevas facetas, todas ellas relacionadas con los negocios digitales e internet. Descubrí un enorme potencial para explotar y por eso quise seguir profundizando más y más.

Supe que ahora era mi momento de emprendedora y que tenía que aprovecharlo. Además cuanto más investigaba más posibilidades se me iban abriendo.

A cada cosa que aprendía veía oportunidades de desarrollo. Creé una lista de posibles ideas de negocio y se iba llenando con nuevos proyectos, algunos de ellos muy tontos otros con potencial.

El tiempo pasaba y yo seguía estudiando y aprendiendo cosas nuevas. Aparecieron delante de mí nuevos conceptos de trabajo por cuenta propia que probé sin mucho éxito. También inicié algunos proyectos digitales que no avanzaron y yo me preguntaba una y otra vez ¿por qué?

De entrada me motivaba el propósito pero pasado un tiempo esa chispa desaparecía. Y esta situación me causaba frustración, me bloqueaba y me paralizaba.

Una y otra vez escuchaba a mis “bloggers de referencia” repetir que hay que pasar a la acción. Y yo no podía.

Mis miedos eran de todos los colores: miedo al fracaso, miedo a lo que dirá mi entorno, miedo a salir de mi zona de confort, miedo a equivocarme, miedo a no llegar a conseguir ser emprendedora, etc, etc. Pero tenía muy claro que mi objetivo, meta y sueño era crear mi propio negocio el cual pueda ayudar a personas a ser más positivas y menos victimistas. A sentirse dichosas y agradecidas.

¿Cuál es mi situación actual?

Así que aquí me encuentro en estos momentos, intentando una y otra vez mantener mi pasión, la gasolina de mi motor que me transforme en emprendedora y lograr construir mi propio negocio.

Cada día intento enfrentarme a todos esos temores que me paralizan e intento superarlos uno a uno.

Pero mi transformación, o mejor dicho, mi reinvención, no sólo es a nivel profesional y laboral. No. También es un cambio radical para conseguir ser mejor persona. Ser plenamente consciente de mi día a día. Agradecida por cada minuto que vivo y por cada una de las cosas y seres queridos que me rodean. Y generadora de mi propio destino. Todos los días creo mi suerte provocando que las cosas sucedan. Intento no quedarme quieta. Porque si tu cerebro cree que algo es posible, buscarás todas las alternativas factibles para alcanzarlo.

Estoy aprendiendo que el éxito es siempre una cuestión de pasión, perseverancia, paciencia, esfuerzo y decisión y que el 90% de ese éxito consiste en seguir intentándolo.

El fracaso es simplemente la oportunidad de empezar de nuevo, pero esta vez de una manera más ingeniosa.

 ¿Y por qué tú estás aquí?

Imagino que si has llegado hasta aquí será por alguno de estos dos motivos:

#1 La historia te he enganchado y sientes curiosidad de cómo termina. Seguro que estarás esperando a oír un final feliz pero, de momento, sigo construyéndolo.

Así que puedes seguir sabiendo de mi suscribiéndote a esta especie de diario donde quiero dejar constancia de que es posible reinventarse con más de 40 sin morir en el intento. Quizás conoces a alguna familiar, amiga o conocida a la que puedas ayudar compartiendo mis experiencias, por lo que te animo a que se lo cuentes.

#2 El otro motivo, puede ser que te encuentres en la misma situación que yo. Que de momento sientas alivio de ver que no eres la única “tonta e incompetente” que no se aclara en el mundo del emprendimiento pero que tiene esa idea de crear tu propia vida y negocio muy clara.

Si es así ¿por qué no recorrer este camino conmigo? Suscríbete ya, cuéntame tu situación y prometo ayudarte en todo lo que me sea posible. También espero algo de tí, no pienses que tú no tienes que implicarte en nuestra nueva relación. Espero que tú también puedas ayudarme dándome tus opiniones y contándome tus experiencias. Yo también quiero aprender de tí. Quiero que tú me enseñes cómo has hecho tú para afrontar todos los desafíos que te van apareciendo. ¿Hay trato? Espero y deseo que sí.